Norita Cortiñas y Lita Boitano, Madres de Plaza de Mayo y referentes por los Derechos Humanos, se nos fueron a sus 94 y 92 en estás últimas semanas.
Por Juan Carlos Lopaczuk
Durante las últimas semanas despedimos a dos grandes luchadoras, como fueron Norita Cortiñas y Lita Boitano. Su fuerza inclaudicable en la lucha por los derechos humanos marcó el camino a seguir.
Lita nació el 20 de julio de 1931 en Buenos Aires con el nombre de Angela Catalina Paolín. La última dictadura le arrebató a dos de sus hijos. Miguel Angel Boitano y Silvia Adriana Boitano. Miguel Ángel estudiaba Arquitectura en la Universidad de Buenos Aires (UBA), mientras trabajaba para la empresa TECHINT. Militaba en la Juventud Universitaria Peronista (JUP). Fue secuestrado el 29 de mayo de 1976 y su último avistamiento fue en la Escuela Superior de Mecánica de la Armada (ESMA). Silvia Adriana estudiaba Letras también en la UBA, junto con Miguel militaba en la JUP. Fue secuestrada por la dictadura el 24 de abril de 1977. No se supo más nada de ella.
Lita era feminista y peronista. Además era presidenta de Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas. A sus 92 participaba activamente en marchas y movilizaciones en la defensa de la Memoria y la Verdad.
Norita nació el 22 de marzo de 1930 en Buenos Aires con el nombre de Norma Irma Morales. Pero vivió junto a su familia en Castelar, Morón. La dictadura le quitó a su hijo mayor Carlos Gustavo Cortiñas. Gustavo, como lo llamaba Norita, estudiaba Economía en la UBA y militaba en la Juventud Peronista (JP). Gustavo fue secuestrado el 15 de abril de 1977 en la estación de Castelar. Nunca se supo más nada de Gustavo.
Nora decidió buscar a su hijo por cielo y tierra. En 1977 se unió a las rondas de la Plaza de Mayo. Fue integrante fundamental de Madre de Plaza de Mayo-Línea Fundadora y entendió que la lucha por los derechos humanos reclamaba acompañar cuanto reclamo noble realizara el pueblo. Lucho por los despedidos, por la aprobación del aborto, por el matrimonio igualitario, contra el genocidio en Palestina, entre tantas luchas en las que participó y llevó adelante.
Lita y Nora compartían un rasgo común. Mientras luchaban sonreían. Todos las recuerdan con una sonrisa en su rostro. Una clara señal de que a pesar de haber transitado el dolor de perder a sus hijos, la esperanza se lleva adelante con una sonrisa. Ellas ya no están para guiarnos, ahora están con sus hijos. Los que estamos ahora somos nosotros.
